Cuento de Joaquín Edwards Bello: Perpetua

 

 Cuento de Joaquín Edwards Bello: Perpetua

Perpetua sabía contar varias clases de cuentos. A veces mezclaba a las reinas de Calleja con Isabel II, y en medio de un cuento de “Las mil y una noches” brotaban escenas del bombardeo de Valparaíso.

El día 1º (de cada mes) Perpetua recibía su sueldo y era una fiesta para ella y para mí, que la acompañaba a comprar. Esto duró hasta cuando yo era grandecito. El cielo invernal era blanco, de una gran blancura de leche que rociaba los cerros. De las peluquerías trascendían olores a sábado y salían hombres afeitados y peinados con quinina de sábado. Lavanderas entregaban ropa; señoritas entraban en los baratillos y salían encendidas por los “piropos” turcos y españoles. El puerto estaba enervado por el deseo de locuras de sábado, perfumadas en chicas nuevas y vino rubí. Niñas pintadas aparecían en las puertas del pecado. Perpetua aquella vez me apretó de la mano, presintiendo la influencia del sábado, y me dijo:

-Los vapores junto con los abanicos, los mantos de espumilla y las cajas de té traen al puerto las escarlatinas, la esquelencia y las enfermedades de garabatillo. Tenga cuidado. Los besos pegan enfermedades malas. Nunca se quede en la cama después que despierte, porque el diablo las calienta.

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Cuento de Joaquín Edwards Bello: Perpetua y las matemáticas

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Joaquín Edwards Bello
Escritor Joaquín Edwards Bello

 

Cuento de Joaquín Edwards Bello: Perpetua y las matemáticas 

Las matemáticas y el profesor Valladares fueron mi suplicio. No había oportunidad que no aprovechara para humillarme y sacar partido de mi incompetencia. Los alumnos fuertes en matemáticas superiores son pocos y siguen las lecciones del maestro, en tanto más de la mitad de sus compañeros no entienden una palabra.

El señor Valladares no cesaba de irritarme y pretendió hacer creer en mi nulidad absoluta y en mi estupidez. Consiguió producir en mí ánimo, un estado de depresión y de desconfianza.

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