En otro mundo | José Luis Ibáñez Salas

en otro mundo, José Luis Ibáñez Salas

Todo está en calma en el vecindario, ahora. Las disputas están en el alambre. Algunas mentiras seguirán triunfando durante años. Sin luchas.

Hay alegría en los días, en las calles. Parecería que la crisis ya acabó. O quizás se haya instalado para siempre y ya no sea una crisis. ¿Crisis, qué crisis? La canción de Dinarama.

Andrea Abreu escribe un corazón de mirlo latiendo bajo la tierra (José Luis Ibáñez Salas)

panza de burro

Según leía la novela Panza de burro, de Andrea Abreu, sentía que es mucho mejor de lo que la polémica en torno a ella hacía presagiar. Y muy corta, algo que se agradece ante tormentas así. Un libro bien medido. ¿Cómo consigue su autora que, cuando leemos su novela, lo que veamos, lo que escuchemos, lo que olamos… lo que sintamos y respiremos sean personas de verdad, y no literatos haciéndose pasar por humanos? Es fascinante esto de la literatura, esto de la lectura. Esto de la escritura.

Los cuentos de Lucia Berlin (una reseña de José Luis Ibáñez Salas)

Lucia Berlin, cuentos

Lucia Berlin, lo digo ya, es una escritora de cuentos magnífica. En octubre de 2016 se publicó en español una excelente selección de muchos de sus relatos, aparecidos con anterioridad entre 1977 y 1999. El título de esa antología es «Manual para mujeres de la limpieza» , un libro brillante que yo acabo de leer deslumbrado, absolutamente enamorado de la literatura de Lucia Berlin, a quien no había escuchado nombrar y de quien no había visto jamás escrito su nombre antes de aquel año 2016.

El tiempo espera siempre en el interior de un bar (José Luis Ibáñez Salas)

cuento, bar, José Luis Ibáñez Salas

A media luz, el bar es como el purgatorio de un cuento escrito por algún escritor intenso. El hombre ha entrado en el servicio de caballeros. Lope mira la tele apagada mientras se pone la chaqueta marrón de los días de primavera asiática, como él los llama. La puerta de los lavabos se abre y el visitante tardío comienza a declamar unos versos.

David Foster Wallace. Viajar para absolutamente nada

David Foster Wallace

La agudeza con la que diferencia lo que es un anuncio de lo que es un ensayo y con la que explica por qué un anuncio publicitario nunca puede ser arte merece mucho la pena (“por esta razón incluso un anuncio realmente bonito, ingenioso y convincente nunca puede ser arte: un anuncio no tiene estatus de regalo, es decir, nunca es para la persona a la que se dirige”), como resultan muy aclaradoras de la personalidad, no sólo literaria, de David Foster Wallace sus diatribas respecto de la sonrisa profesional y su doble manera de verla, contradictoria, ¿como él mismo lo es? Odiarla cuando te la ofrecen, la sonrisa profesional, y echarla de menos cuando te la niegan.