El tiempo espera siempre en el interior de un bar (José Luis Ibáñez Salas)

cuento, bar, José Luis Ibáñez Salas

A media luz, el bar es como el purgatorio de un cuento escrito por algún escritor intenso. El hombre ha entrado en el servicio de caballeros. Lope mira la tele apagada mientras se pone la chaqueta marrón de los días de primavera asiática, como él los llama. La puerta de los lavabos se abre y el visitante tardío comienza a declamar unos versos.

David Foster Wallace. Viajar para absolutamente nada

David Foster Wallace

La agudeza con la que diferencia lo que es un anuncio de lo que es un ensayo y con la que explica por qué un anuncio publicitario nunca puede ser arte merece mucho la pena (“por esta razón incluso un anuncio realmente bonito, ingenioso y convincente nunca puede ser arte: un anuncio no tiene estatus de regalo, es decir, nunca es para la persona a la que se dirige”), como resultan muy aclaradoras de la personalidad, no sólo literaria, de David Foster Wallace sus diatribas respecto de la sonrisa profesional y su doble manera de verla, contradictoria, ¿como él mismo lo es? Odiarla cuando te la ofrecen, la sonrisa profesional, y echarla de menos cuando te la niegan.

La magia potagia de César Aira y una monja que no es tal

Portada de novela de Cësar Aira, monja

La niña que es César Aira en su novelita es una monja que se hace a sí misma en un enorme cuento pequeño, es un niño niña niño delirante que encarcela al padre, apadrina a su madre y vuelve literariamente loca a su maestra, de la que consigue aprender que nada supera en emoción y en sabiduría a la realidad cuando la ocultamos, la secuestramos, la ponemos en su sitio

Nada significa nada

Michael Chabon

He disfrutado El sindicato de policía yiddish como recuerdo haber sacado todo el provecho lector a los otros libros de Chabon que gocé con la emoción satisfecha de quien busca en la lectura el auténtico placer del sueño literario vertido por los verdaderos artistas sobre quienes leemos.

Historia corta de José Luis Ibáñez Salas: Calor

Jesús Zamarrón, cuento

El año en que la mar se llevó el Balneario y el
verano duró tres meses completos fue el mismo año en el que ella nació y él
comenzó a morir.
Lástima que habiendo comenzado ahí, tan arriba,
la línea de resistencia vaya a ser tan poco resistente y esto que escribo no
pueda ser capaz de convertirse en una novela de reconocido prestigio y se quede
en rondarle los pies a un relato de andar por casa. En zapatillas, al menos. No
descalzo. Un relato irresistible, eso sí.