Cuento de Julio Cortázar: Una flor amarilla

Volvemos a Julio Cortázar, uno de los cuentistas más socorridos de este blog. Y lo hacemos con uno de mis cuentos preferidos de entre los suyos: “Una flor amarilla”.

El relato recoge una conversación entre el personaje narrador con un tipo al que conoció en un bistró, un hombre que estaba borracho, que es cuando –al parecer– uno dice siempre la verdad. Y la verdad, según este personaje, es que todos somos inmortales.

El personaje innominado narra a su vez que conoció en el autobús a un chico de trece años y desde el primer momento tuvo la certeza de que ese chico era él… en su juventud. Una historia delirante –o quizá no– sobre la inmortalidad narrada con la habitual pericia de Julio Cortázar.

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Un tal Lucas, un tal Julio Cortázar

Un tal Lucas, un tal Julio Cortázar
Julio Cortázar

El tal Lucas es el mismo tal Julio. Desde allí, parapetado tras esa identidad de niño o adolescente,  el escritor lanza sus dardos y sus ideas a veces excéntricas y geniales, a veces extemporáneas, sobre lo humano y lo divino. En sus escritos exhibe un pensamiento transgresor como sus “tips” de cómo lustrarse los zapatos o de cómo hacer el amor en una bicicleta. La crítica ha dicho que Un tal Lucas más que un libro con historias y ficciones es un compendio genial contra los tontos graves. Y no deja de estar en lo cierto.

El libro reúne una colección de ideas negras, de sandeces geniales, de un teatro con luces apagadas y los actores dándole al segundo acto, de velas sin pabilo y de picarones sin hoyo. Julio Cortázar amaba lo diferente. Él mismo un día leía en éxtasis a Baudelaire y más tarde se iba al boxeo a ver cómo Monzón le sacaba a mierda al “Mantequilla Nápoles”.

Veamos tres ejemplos de su original forma de combatir las voces de los tontos graves.

Por Ernesto Bustos Garrido

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Relato corto de Edgar Allan Poe: Cuento de Jerusalén

Cuento de Jerusalén Poe
Edgar Allan Poe

El relato corto “A Tale of Jerusalem”, de Edgar Allan Poe, fue publicado por primera vez en 1832. Julio Cortázar lo tradujo al castellano en 1953. No fue Cortázar un traductor casual de la obra de Edgar Allan Poe, un profesional al que una editorial encarga un trabajo más. Muy al contrario, Cortázar era un entusiasta del genio estadounidense desde su infancia. La tarea de traducir a Poe, que le llevó nueve meses, la realizó durante unas vacaciones en Italia. Una forma de compaginar placer y trabajo, podría decirse.

Cortázar comenzó a leer a Edgar Allan Poe siendo niño, a los nueve años, en una traducción de Blanco Belmonte. Cortázar recuerda aquella época como algo fascinante y terrible a la vez, pues la lectura de aquellas historias de misterio y terror le provocó terrores nocturnos que no superó hasta bien entrada la adolescencia.

Os dejo uno de los cuentos de Poe, traducido, cómo no, por Cortázar: Cuento de Jerusalén

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Historias que me cuento, por Julio Cortázar

“[…] transmite principalmente que para acceder a la plena realidad, a la pura verdad es necesario tomar en cuenta dos aspectos de la realidad; la que aparece dada en nuestra vida cotidiana y la que se manifiesta en el plano maravilloso y ficticio, y fusionarlas como una. Por lo tanto es necesario borrar todo trámite que separa ambos aspectos de la realidad. Cortázar critica al hombre occidental por no apreciar la realidad en todas sus formas, de brindarle importancia solamente a la realidad que se presenta dentro de lo fáctico”. Ideas and Ideals

Historias que me cuento (Julio Cortázar)

Me cuento historias cuando duermo solo, cuando la cama parece más grande de lo que es y más fría, pero también me las cuento cuando Niágara está ahí y se duerme entre murmullos complacientes, casi como si también ella se estuviera contando una historia. Más de una vez quisiera despertarla para saber cómo es su historia (solamente murmura ya dormida y eso no es de ninguna manera una historia), pero Niágara vuelve siempre tan cansada del trabajo que no sería justo ni hermoso despertarla cuando acaba de dormirse y parece colmada, perdida en su caracolito perfumado y murmurante, de modo que la dejo dormir y me cuento historias, lo mismo que en los días en que ella tiene horario nocturno y yo duermo solo en esa bruscamente enorme cama.

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Cuento de Edgar Allan Poe: El dominio de Arnheim

“Para el narrador de este “Dominio de Arnheim” (ilustrado en AlohaCriticón con un cuadro de René Magritte del mismo título que fue inspirado por esta narración de Poe), y analizando en primera persona la existencia de un amigo fallecido llamado Ellison, la virtud contemplativa y la creación de belleza es una de las claves para lograr la felicidad junto a otros elementos, como el ejercicio al aire libre, el amor a la mujer y el desprecio de toda ambición.

Después de introducir al personaje de Ellison se podría esperar una mirada irónica sobre lo que se denomina existencia feliz (es definido como guapo, simpático, inteligente, rico…), y más cuando se conecta al personaje con un ascendiente adinerado, la ganancia de una cuantiosa herencia y la singularidad del trato a tal herencia.

Pero el desarrollo se aparte del tono cáustico y se centra en la búsqueda de éxtasis artístico-paisajístico por parte del heredero”.

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Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Leyendo en el balcón

Leyendo en el balcón es un microrrelato que se nutre de otras lecturas: Marco Denevi y Julio Cortázar. Una tarde, al terminar su jornada, el joven decide ir hasta la casa, conocer a la mujer y también, curioso, preguntarle por el libro que lee con tanto interés. Toca el timbre varias veces, la casa permanece a esa hora en una mudez extraña. La puerta, mal cerrada, permite empujarla suavemente y entrar en ella sin hacer ruido.

Cuento breve recomendado: [El beso], de Julio Cortázar

Cuento, Julio Cortázar, cortísimo metraje
Julio Cortázar. Fuente de la imagen

 

El capítulo 7, gustos aparte, es una de las hojas más perfectas de la literatura universal. Pertenece a Rayuela, pero tiene identidad propia y el placer de su lectura no depende del resto de la obra. Es un poema en prosa con la narración más original y musical de un beso que se haya escrito jamás. Su efecto en el lector primerizo es inmediato, sucumbe pública o secretamente al recuerdo de su propio beso anhelado o de su boca amante imaginada.

Ulises Argandona

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Cuento de Julio Cortázar: La noche de mantequilla

cuento de Cortázar, mantequilla
Monzón vapulea a Mantequilla Napoles

 

Cuento de Julio Cortázar: La noche de mantequilla

Eran esas ideas que se le ocurrían a Peralta, él no daba mayores explicaciones a nadie pero esa vez se abrió un poco más y dijo que era como el cuento de la carta robada, Estévez no entendió al principio y se quedó mirándolo a la espera de más; Peralta se encogió de hombros como quien renuncia a algo y le alcanzó la entrada para la pelea, Estévez vio bien grande un número 3 en rojo sobre fondo amarillo, y abajo 235; pero ya antes, cómo no verlo con esas letras que saltaban a los ojos, Monzón Vs. Nápoles. La otra entrada se la harán llegar a Walter, dijo Peralta. Vos estarás ahí antes de que empiecen las peleas (nunca repetía instrucciones, y Estévez escuchó reteniendo cada frase) y Walter llegará en la mitad de la primera preliminar, tiene el asiento a tu derecha. Cuidado con los que se avivan a último momento y buscan mejor sitio, decile algo en español para estar seguro. El vendrá con una de esas carteras que usan los hippies, la pondrá entre los dos si es un tablón o en el suelo si son sillas. No le hables más que de las peleas y fíjate bien alrededor, seguro habrá mexicanos o argentinos, tenelos bien marcados para el momento en que pongas el paquete en la cartera. ¿Walter sabe que la cartera tiene que estar abierta?, preguntó Estévez. Sí, dijo Peralta como sacándose una mosca de la solapa, solamente espera hasta el final cuando ya nadie se distrae. Con Monzón es difícil distraerse, dijo Estévez. Con Mantequilla tampoco, dijo Peralta. Nada de charla, acordate. Walter se irá primero, vos dejá que la gente vaya saliendo y ándate por otra puerta.

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Julio Cortázar y el boxeo

Julio Cortázar y el boxeo
Firpo saca del ring a Dempsey

Julio Cortázar y el boxeo

Por Ernesto Bustos Garrido

La noche de Mantequilla” se llama el cuento que identificó a Julio Cortázar como un escritor de grandes aficiones, entre las cuales figuraban el jazz, los gatos, las mujeres enigmáticas, la novela policial, la política y el boxeo. Incluso, cuando llegó de Argentina a París, hizo de comentarista y relator deportivo en esa especialidad. Su ídolo de siempre fue un boxeador argentino llamado Juan Yepes, pero también admiró a Mohamed Alí, a Nicolnno Locche, al “Mono” Gatica y a “Sugar” Ray Robinson. (No confundir con “Sugar” Ray Leonard).

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Cuento de Julio Cortázar: El río

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Julio Cortázar, Instrucciones para llorar
Escritor argentino Julio Cortázar.
Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo.

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