Cuento breve recomendado: “Los ojos de Celina”, de Bernardo Kordon

 

 

Portada de Un taxi amarillo y negro en Pakistán y otros relatos kordonianos, de Bernardo Kordon
“Los ojos de Celina” es un ejemplo magistral de cuento breve realista escrito con una prosa fluida y efectiva, muy elaborada, aunque sin pretensiones estilísticas y carente de artificios literarios. La trama se desarrolla linealmente y con acusada rapidez mediante una ajustada estructura que presenta todos los ingredientes de una “crónica negra”, pues no debe olvidarse que el autor escribió este cuento después de haber leído en un periódico el caso de una mujer que había envenenado a su nuera.

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Cuento breve de Santiago Davobe: El tren

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Tren antiguo. Fuente de la imagen en Internet.

El cuento “El tren”, de Santiago Dabove, fue publicado por primera vez en 1961, en la colección La muerte y su traje, en la editorial Alcándara, de Buenos Aires. Borges escribió el prólogo del libro. Dabove fue amigo del citado Borges, de Macedonio Fernández y de Jorge Guillermo entre otros.

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Cuento breve de Roberto Arlt: Del que no se casa

boda novios
Novios en el día de su boda. Fuente de la imagen

El escritor argentino Roberto Arlt (1900-1940) publicó este relato, “Del que no se casa”, en el libro Aguartes porteñas, en 1950. Arlt es famoso por un estilo naturalista y humorístico donde los personajes, a veces recién llegados a Argentina, tratan de abrirse camino a duras penas. Es reconocido como un gran escritor pese a que su forma de escribir es tachada a menudo como descuidada, algo similar a lo que ocurre con Pío Baroja.

Otros cuentos famosos de Roberto Arlt son “El jorobadito“, “Luna roja” y “Noche terrible”.

 

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Cuento breve de Santiago Davobe: La muerte y su traje

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Tren antiguo. Fuente de la imagen en Internet.

El cuento “El tren”, de Santiago Dabove, fue publicado por primera vez en 1961, en la colección La muerte y su traje, en la editorial Alcándara, de Buenos Aires. Borges escribió el prólogo del libro. Dabove fue amigo del citado Borges, de Macedonio Fernández y de Jorge Guillermo entre otros.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia (13): “El Aleph”, de Jorge Luis Borges

El escritor albaceteño Eloy M. Cebrián, novelista y cuentista, nos recomienda “El Aleph”, de Jorge Luis Borges. “El Aleph” es uno de los mejores cuentos del siglo XX, y uno de los más famosos. Era inevitable que alguien, antes o después, lo rescatara para esta sección de LOS MEJORES 1001 CUENTOS LITERARIOS DE LA HISTORIA.

 

EL ALEPH, un cuento de Jorge Luis Borges

O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space.
Hamlet, II, 2.

But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a Nuncstans (as the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a Hicstans for a infinite greatnesse of Place.
Leviathan, IV, 46

 

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 30 de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos, Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendí a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia. “La casa de Asterión”, de Borges

Borges, cuento, Asterión
Jorge Luis Borges, en la portada de la biografía Borges. A Life, de Edwin Williamson

En la entrevista que le hice recientemente a la poeta Victoria Mera le pedí que nos recomendara un cuento. Su elección fue “La casa de Asterión”, de Jorge Luis Borges, incluido en su mítico libro El Aleph, publicado por la editorial Losada en 1949. 

LA CASA DE ASTERIÓN

(cuento)

Jorge Luis Borges

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.

Apolodoro: Biblioteca, III,I

 

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)* están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.

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Cuento breve recomendado: Emma Zunz, de Jorge Luis Borges

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

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Cuento breve recomendado (270): “La prueba”, de Raúl Brasca

El escritor italiano Italo Calvino (1923-1985) reflexionaba en “Sei proposte per il prossimo millennio” (Seis propuestas para el próximo milenio), trabajo editado póstumamente, acerca de algunas de las características que podría adoptar la literatura durante el siglo XXI, y la imaginaba abocada a la “máxima concentración de la poesía y del pensamiento; inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama”. A esas formas breves de expresar sagacidad y agudeza, a esos “textos escritos en la cabeza de un alfiler”, Raúl Brasca los define como “un mecanismo perfecto que se desencadena con la primera línea y, llevando siempre la delantera, conduce al lector a un final inesperado, en muchos casos ambiguo, con alto poder de sugerencia”. El historiógrafo italianoGiambattista Vico (1668-1744) apuntaba en “Scienza nuova” (Ciencia nueva), su obra más importante, que “todo discurso es una reformulación”, definición que bien puede aplicarse a la microficción, que, si bien aparece como un fenómeno contemporáneo, en Latinoamérica pueden rastrearse sus raíces en la aparición del cuento moderno hacia fines del siglo XIX, para luego, hacia la mitad de la centuria pasada, ir adquiriendo un auge que no ha dejado de crecer e intensificarse y, en los últimos años, se ha expandido por el mundo. “Lo que importa -afirma el escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán (1950)- no es su carácter escueto, sino la eficacia de su síntesis”, tal como proponía Calvino, y añade: “la brevedad es una entelequia cuando leo una línea y me parece más larga que mi propia vida, y cuando después leo una novela y me parece más breve que la muerte”.

Cuento breve recomendado (262): “El saludo”, de Pedro Orgambide

Pero Orgambide
Escritor argentino Pedro Orgambide. Fuente de la imagen en Internet

-“Lo que siempre hubiera deseado ser, y no fui, es un gran poeta. Es mi gran fracaso. Aunque para equilibrar, la mirada poética está en otro lado. Busco la exaltación lírica, el estado de canto, la inspiración, trato de inducir el placer. Y si voy a hacer un mandado por la calle imagino un cuento, aunque luego no lo escriba. He sido letrista de tango, bailarín, pero sólo soy un escritor que baila tango. A través de la literatura uno llega a hacer todo lo que quiso y nunca pudo.”

– “Mi mayor virtud literaria es poder llevar al papel la oralidad y lo coloquial poder decirlo de diferentes maneras. Y más aún, crear este ardid: lo que no es coloquial transformarlo en coloquial. Y en los momentos en que llevo un pensamiento abstracto como el ser, la nada o la muerte, a un lenguaje sencillo, siento una exaltación, una especie de orgasmo.”

– “Soy un escritor realista heterodoxo. Yo me doy cuenta que a veces empiezo a escribir como un buen escritor realista de los años veinte, y después me voy por cualquier lado, se me pinta la fantasía. Prefiero considerarme un contador de historias.”

– “El éxito es un impostor, y el fracaso también. Un escritor escribe lo que quiere, y tiene cuentas pendientes con él mismo, con su historia, con su vida, con su país. La literatura debe hacerse cargo de la vida, por más que la historia, como decía Marx, a veces avance por el lado malo.”

Pedro Orgambide

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Microrrelato de Martín Gardella: “Inspiración en cápsulas”

Una llamativa publicidad ofrecía una solución para escritores carentes de imaginación. Por unos pocos pesos, se recibía una encomienda por correo postal. “Para poder escribir una buena historia, nada mejor que vivirla”, era el lema del producto. El escritor quiso probar.