Cuento breve recomendado (272): “El comerciante”, de Franz Kafka

El fingimiento de una competencia universal, la apariencia de una laboriosidad sobrehumana es el motor oculto que impulsa la maquinaria de exterminio en la que quedan atrapados los protagonistas de Kafka, y que es responsable del funcionamiento de ese mundo absurdo de por sí. El tema principal de las novelas de Kafka es el conflicto entre un mundo que adopta la forma de esa maquinaria de funcionamiento impecable y un protagonista que intenta destruirla. A su vez esos protagonistas no son simple y llanamente seres humanos como los que encontramos diariamente en el mundo, sino modelos variables de un único ser humano cuya única cualidad distintiva es su imperturbable concentración en asuntos comunes a todos los seres humanos. Su función en el argumento de la novela es siempre la misma: el personaje descubre que el mundo y la sociedad de la normalidad son, de hecho, anormales, que las sentencias emitidas por los prohombres de prestigio reconocido son de hecho demenciales, y que los actos que se derivan de las reglas del juego son de hecho desastrosos para todos.

Hannah Arendt

Cuento breve recomendado (268): “En el café”, de Kjell Askildsen

Escritor noruego Kjell Askildsen. Fuente de la imagen

Sobrio, conciso y claro como el hielo, pocos como el noruego Kjell Askildsen consiguen en muy pocas líneas retratar la llamada “sociedad del bienestar” como una aburrida estructura de consumidores que no consigue expresar ni un solo sentimiento. Kjell Askildsen, autor famoso en su país, representa, a sus 77 años, un hito en la literatura contemporánea escandinava y europea. Sus señas de identidad literaria radican en la contención, la brevedad y la concisión formales y en la irónica, sarcástica y ácida visión de la realidad en lo sustancial.

José Luis Charcán

 

Sólo puedo escribir cuando puedo escribir. Hay un largo tiempo de espera hasta que llegue el principio de una historia, aparece en mi cabeza una imagen que tengo que anotar. En ese momento no sé cómo se va a desarrollar el relato, pero lo hace en virtud de lo que ya he escrito. Si las últimas frases del día anterior no resultan satisfactorias, las borro y continúo desde donde me parece bien. No soy ningún crítico (literario), soy un hombre sin estudios, no poseo ninguna de las palabras necesarias para decir por qué algo es bueno. Pero la literatura es el único punto en mi vida en el cual tengo la sensación de estar seguro de mí mismo. Ésa en sí es una buena razón para escribir. Hay algo muy satisfactorio en producir algo que sabes, mientras lo haces, que va a ser bueno, y que, cuando lo has acabado, sabes que es bueno. Entonces no se puede negar que la vida se vuelve un poquito más pobre cuando uno ya no consigue esto.

Kjell Askildsen

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