Entrevista a Eladio Pascual Pedreño (autor de ‘El mordedor de alfombras’)

Eladio Pascual Pedreño

Alguien ha escrito que son “relatos amables y honestos sobre la vida cotidiana, no exentos de humor, y que no son frecuentes en la literatura actual. Son relatos no pretenciosos, aparentemente ingenuos, pero que piden una segunda lectura para degustar los matices que contienen. En muchos casos son historias ficticias pero que intentan proporcionar al lector claves de la realidad”. Contestando a tu pregunta, yo diría que ya se pueden disfrutar a partir de los 14 o 15 años.

3 poemas de Miguel Bravillo

3 poemas de Miguel Bravo Vadillo

EL PIANISTA –Impromptu– No hay razón para que el pianista deje de tocar, permitid que deslice sus dedos sublimes por el pulido teclado incorrupto. No perturbéis su soledad melancólica y nueva si una frágil luna de blanquísima carne se baña en la negra quietud de la noche, desnuda bajo un rigor de estrellas. No hay … Sigue leyendo

Microrrelato de Miguel Bravo Vadillo: Un problema sin resolver

Don Enrique, el circunspecto profesor de matemáticas, cogió su cuaderno y dictó a sus alumnos los siguientes ejercicios:
Ejercicio nº 1. Si una bomba atómica equivale a 20.000 bombas convencionales, y una bomba H equivale a 1.500 bombas atómicas, ¿a cuántas bombas convencionales equivalen 40.000 bombas H?

Cuento breve de Miguel Bravo Vadillo: Nuevo discurso de Job

 

«Job y sus amigos» (1869), de Iliá Repin. Museo estatal ruso, San Peterburgo. Fuente de la imagen

 

NUEVO DISCURSO DE JOB

Miguel Bravo Vadillo

                                         «Un dios me concedió la gracia

de expresar lo que sufro».

                                                                                Goethe.

Cuentan las viejas leyendas que Job escuchó pacientemente las palabras de Elifaz, de Bildaj, de Sofar de Naamat y de Elihú, el más joven; y, después de haber meditado en su corazón, les habló con estas palabras:

«Esta vida mía que rebosa dolor, y de la que doy fe con horribles lamentos, no es la que anhela mi corazón. Pero ve, querido Elifaz, que no basta el enojo para morir. Antes bien, habré de fortalecer primero mi deseo de morir para después ejercer violencia contra mí mismo; pues mi entendimiento juzga con claridad que una vida desdichada no es la más deseable, y mi memoria de los tiempos felices no me hace sino desesperar de este presente e incrementar con ello mi sufrimiento.

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