Cuento breve recomendado: «Brillante silencio», de Spencer Holst

Escritor Spencer Holst, autor del cuento corto Brillante silencio. Fuente de la imagen en Internet

BRILLANTE SILENCIO

(cuento)

Spencer Holst (Estados Unidos, 1926-2001)

Dos osos kodiak de Alaska formaban parte de un pequeño circo en que la pareja aparecía todas las noches en un desfile empujando un carro cubierto. A los dos les enseñaron a dar saltos mortales y volteretas, a sostenerse sobre sus cabezas y a danzar sobre sus patas traseras, garra con garra y al mismo compás. Bajo la luz de los focos, los osos bailarines, macho y hembra, fueron pronto los favoritos del público.

El circo se dirigió luego al sur, en una gira desde Canadá hasta California y, bajando por Méjico y atravesando Panamá, entraron en Sudamérica y recorrieron los Andes a lo largo de Chile, hasta alcanzar las islas más meridionales de la Tierra de Fuego. Allí, un jaguar se lanzó sobre el malabarista y, después, destrozó mortalmente al domador. Los conmocionados espectadores huyeron en desbandada, consternados y horrorizados. En medio de la confusión, los osos escaparon. Sin domador, vagaron a sus anchas, adentrándose en la soledad de los espesos bosques y entre los violentos vientos de las islas subantárticas. Totalmente apartados de la gente, en una remota isla deshabitada y en un clima que ellos encontraron ideal, los osos se aparearon, crecieron, se multiplicaron y, después de varias generaciones, poblaron toda la isla. Y aún más, pues los descendientes de los dos primeros osos se trasladaron a media docena de islas contiguas. Setenta años después, cuando finalmente los científicos los encontraron y los estudiaron con entusiasmo, descubrieron que todos ellos, unánimemente, realizaban espléndidos números circenses.

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Cuento breve recomendado: «La última flor», de James Thurber

  LA ÚLTIMA FLOR, un cuento de  James Thurber (Estados Unidos, 1894-1961) La duodécima guerra mundial, como todo el mundo sabe, trajo el hundimiento de la civilización. Pueblos, ciudades y capitales desaparecieron de la faz de la tierra. Hombres, mujeres y niños quedaron situados debajo de las especies más ínfimas. Libros, pinturas y música desaparecieron, y … Sigue leyendo

El realismo pesimista de Raymond Carver

Para hablar sobre su concepto de la vida, lo mejor es reproducir la opinión de su propio autor rescatando unas líneas de su ensayo On writing: “Es posible, en un poema o en una historia corta, escribir sobre objetos vulgares utilizando un lenguaje coloquial, y dotar a esos objetos (una silla, unas persianas, un tenedor, una piedra, un anillo) con un inmenso, incluso asombroso, poder. Es posible escribir una línea de un aparentemente inofensivo diálogo, y transmitir un escalofrío a lo largo de la columna vertebral del lector (el origen del placer artístico, como diría Nabokov). Ésa es la clase de la literatura que me interesa”.

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “La barrica de amontillado”, de Edgar Allan Poe”

«La barrica de amontillado», de Edgar Allan Poe, ha sido el cuento seleccionado por Manuel Simón Viola, doctor en Filología Hispánica, profesor de enseñanza media y de talleres literarios, ensayista. (Bien conocidos son sus trabajos sobre literatura extremeña). Desde 2009 mantiene un blog de literatura: Notas al margen.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia (32): Rock Springs, de Richard Ford

El escritor Juan Carlos Márquez ha apostado por «Rock Springs», de Richard Ford, uno de los grandes narradores estadounidenses contemporáneos.
«Rock Springs» está incluido en el libro de título homónimo, publicado en España por Anagrama.

ROCK SPRINGS, un cuento de Richard Ford

Edna y yo salimos de Kalispell camino de Tampa-St. Pete, donde todavía me quedaban algunos amigos de los buenos tiempos, gente que jamás me entregaría a la policía. Me las había arreglado para tener algunos roces con la ley en Kalispell, todo por culpa de unos cheques sin fondos, que en Montana son delito penado con la cárcel. Yo sabía que a Edna le rondaba la cabeza la idea de dejarme, porque no era la primera vez en mi vida que tenía líos con la justicia. Edna también había tenido sus problemas, la pérdida de sus hijos y evitar día tras día que Danny, su ex marido, se colara en su casa y se lo llevara todo mientras ella trabajaba, que era el verdadero motivo por el cual me fui a vivir con ella al principio; eso y la necesidad de darle a mi hija Cheryl una vida algo mejor.

No sé muy bien qué había entre Edna y yo; tal vez eran unas corrientes confluyentes las que nos habían hecho acabar varados en la misma playa. Aunque —como sé muy bien— a veces el amor se construye sobre cimientos aún más frágiles. Y cuando aquella tarde entré en casa, me limité a preguntarle si quería venirse a Florida conmigo y dejarlo todo tal como estaba, y ella me dijo: «¿Por qué no? Tampoco tengo la agenda tan llena».

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Cuento breve recomendado: «Chicos de campo», de William Goyen

William Goyen
El escritor estadounidense William Goyen. J. GARY DONTZIG. Fuente de la imagen

 

 

En una magnífica entrevista publicada en The Paris Review en 1975, el estadounidense William Goyen se quejaba de que los estudiantes de escritura creativa carecían del sentido de pertenencia a un lugar. ¿Cómo había sido su infancia? ¿Dónde habían crecido? ¿En qué calle? ¿En qué barrio? Las preguntas son pertinentes, porque Goyen edifica su poética en el melancólico porche de los sueños infantiles, en un paraíso perdido que nadie en sus cabales volvería a visitar. Los fabricantes de etiquetas le han colgado el cartel de «gótico sureño en venta», como si colocarle junto a Carson McCullers, Flannery O’Connor y William Faulkner fuera suficiente para destacar su condición de hermano menor o perro verde. Las comparaciones son odiosas, pero si leen cuentos como “Chicos de campo”, “Las colinas de Arkansas” o “Si tuviera cien bocas”, advertirán que no tienen nada que envidiarle a El corazón es un cazador solitario.

No sorprende en absoluto comprobar en esa misma entrevista que Goyen citara a poetas como Pound, Milton, Eliot y Dante como principales influencias faros-guía de su prosa. El vuelo lírico de estos cuentos memorables incendian la soledad, el hambre, la rabia y la violencia que tiñen las brasas de una naturaleza a la vez salvaje y acogedora, refugio infernal de todos los pecados y todos los remordimientos.

Sergi Sánchez

 

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