Del Lazarillo al Pequeño Nicolás

El Pequeño Nicolás, El Lazarillo
El Pequeño Nicolás con José María Aznar. Fuente de la imagen

Del Lazarillo al Pequeño Nicolás

Francisco Rodríguez Criado 

El caso de las tarjetas opacas viene a demostrar una vez más que, salvando las distancias socio-tecnológicas, seguimos viviendo en los tiempos de El Lazarillo. Nada nuevo bajo el sol: esta es la España corrupta de siempre, la que intenta atragantarse de uvas –o de millones de euros, ya puestos– creyendo que el resto del país está ciego.

Pero aquí viene la buena noticia: no estamos ciegos, no del todo. Y la justicia, tampoco. Algunos juristas han apuntado estos días en los medios de comunicación la posibilidad de que estos pícaros banqueros acaben en la cárcel. No lo harán, claro, pero basta que la hipótesis se comente abiertamente, dejando en el oprobio los nombres de tales advenedizos, para que nos sintamos algo remunerados por tener que habitar en un bosque lleno de lobos.

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El caso Raúl del Pozo

Abundando en su descenso a los infiernos, Raúl del Pozo pidió el pasado sábado en un programa televisivo que el Estado le ponga protección a su amigo Bárcenas. A del Pozo le ciegan la amistad o la ingenuidad: el Estado no debe proteger a Bárcenas sino protegerse de él: por eso está entre rejas. Si él o su familia necesitan protección, es lógico pensar que deben pagársela de su propio bolsillo. Dinero no es lo que ha faltado en esa casa donde el cabeza de familia ha estado robando durante los últimos veinte años: de ahí los millones bien guardados en paraísos fiscales.