Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Las hojas perdidas

Se sentó en el banco más cercano y con mano temblorosa acomodó su bastón en el respaldo. Comenzó a hurgar en uno de los bolsillos interiores de su viejo impermeable y extrajo las hojas dispersas de un diario ajado por el tiempo. Hojeando, se detuvo unos instantes, y fijó su mirada débil en lo que parecía ser el rostro apenas visible de una mujer en una pequeña foto borrosa en la parte inferior de la página.

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: ¡Qué bueno era el difunto!

Siempre fue un cretino -había dicho mi primo Alberto. Y también tacaño y miserable -sentenciaba mi furibunda esposa Leonor. Un fracasado con manías de grandeza y pretencioso, ridículo, y además pésimo en la cama e impotente -añadía por lo bajo. Y tan alcohólico el pobre hombre, se emborrachaba antes de destapar la botella y caía por los suelos descompuesto -decía con sorna mi tía abuela Ester. ¡Qué desgracia de hombre, ni siquiera sabía ocultar nuestros encuentros clandestinos! –exclamaba con desprecio mi cuñada Iris.

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: La catedral perdida en el desierto

Caminó por esa arena infinita, bajo un furioso temporal de viento extraño, sofocante, sin atisbos de sol y con resplandores enceguecedores. Perdió la sensación del tiempo y del espacio. Casi a ciegas, a lo lejos creyó divisar lo que parecía ser la cúpula de una catedral de estilo vago, hundida en la arena, tal vez una reliquia de quién sabe qué épocas pasadas.

Cuento de Manuel Pastrana Lozano: Cómics

Cómics. Clarck Kent tiene un mal día
Superman leyendo Daily Planet. Fuente de la imagen

Cómics

“Este va a ser un día difícil” –se dijo Clark Kent, mientras se levantaba con el pie izquierdo. Para colmo, había tenido una horrible pesadilla: Superman era un comunista cruel que exterminaba sin piedad a sus enemigos de clase, los explotadores que intentaban defender el paraíso americano a costa de la sangre y el sudor de los sufridos obreros. Lo consideró un presagio siniestro. A duras penas se apretó el cinturón de su slip rojo ajustado, que cubría por encima la malla de sus entrepiernas –al estilo del calzón de los clowns de circo–, antes de ponerse su traje habitual de civil. El súper héroe había descuidado mucho su figura en los últimos tiempos, viviendo momentos disipados en los que comía y bebía mucho. Comenzaba a ser obeso. Además, la letra S característica en su pecho se deformaba y descoloraba poco a poco.

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Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: La cojera de Dios

 

Vulcano, la cojera de Dios
Vulcano, dios del fuego. Fuente de la imagen

Hace unos cuantos millones de años empezaron a circular rumores insidiosos entre los infinitos planetas que se creaban entonces en el universo. Para explicar el desorden y el caos existentes en la infinitud del cosmos, una teoría corriente  era la que afirmaba que una esquirla perdida durante el big bang, la gran explosión inicial del universo, había rebotado como un balazo cósmico en una de las piernas de Dios, dejándolo cojo y desorientado. No se sabía con certeza en cuál de ellas, y para evitar suspicacias no se atrevían a escoger entre la izquierda o la derecha. Desde esa fecha, el Gran Creador habría extraviado su rumbo y desencadenado la incertidumbre y la sospecha para explicar los misterios del universo y los tantos por qué y para qué, incluso en el planeta Tierra.

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Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Cuento persa

“Soy persa”, fue lo primero que dijo al bajarse del avión ese hombre de rostro bien perfilado y ojos perspicaces. Durante un tiempo perfeccionó el manejo del idioma español estudiando en cursos vespertinos. Se instaló en el mercado persa y vendió alfombras de su país. Nunca fue un perdedor. Este personaje perseverante mostró persistentemente envidiable espíritu de superación y acumuló una fortuna perdurable.

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Vuelo 007

El aeropuerto está próximo. Se levanta de su asiento y atraviesa el pasillo hasta llegar al baño. Se mira en el espejo, ajusta su esmoquin y le pone el silenciador a la pistola. Sale tranquilamente y se acerca al hombre solitario que dormita en la cabina de primera clase. Apunta su arma y le dispara un balazo en la cabeza.