3 microrrelatos de Manuel Pastrana Lozano

CONTEMPORÁNEO  DEL  FUTURO

Sólo miraba las tandas comerciales y los avisos publicitarios en la tv, decía que le enseñaban lo que no debía comprar. Le interesaban sólo los trailers, pensaba que eran superiores a las películas. Gozaba viendo videoclips, afirmaba que eran muy entretenidos. Sólo escuchaba los bonus tracks de los discos, para él, eran los mejores. No necesitaba internet, ni youtube ni twitters, tampoco el whatsapp, cosas del pasado, afirmaba. Las redes sociales le tenían sin cuidado. Eran intachables su poder de síntesis y su pragmatismo. Había llegado a la quintaesencia de la simplicidad. Y cuando comprendió que era el humanoide perfecto, un día cualquiera, tal vez aburrido de la estupidez humana, haciendo gala de su autonomía y de su poder absoluto, decidió apretar el botón e irse tranquilamente al infierno.

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6 nanocuentos de Manuel Pastrana Lozano

Manuel Pastrana Lozano me envía seis “nanocuentos”, tal como él los llama. Nanocuentos, microrrelatos de una línea, minificciones ultrabreves, minicuentos, etcétera.

Son tantos los nombres que se aplican al microrrelato… De hecho, estoy haciendo una recopilación de todos los nombres que recibe este género, o al menos de los que yo encuentro «a mi paso». 🙂

En cualquier caso, aquí tenéis las seis narraciones ultrabreves de Pastrana Lozano, todas ellas de poquísimas palabras.

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El poeta irreverente, un microrrelato de Manuel Pastrana Lozano

Aquel día, como era habitual, salió de su casa al atardecer y caminó sin prisa hasta el café cercano frecuentado por él desde hacía mucho tiempo. Le pareció extraño que a esa hora el lugar permaneciese aún desierto y mal iluminado. Ordenó lo de costumbre: el café cortado y el vaso de agua. Le costó reconocer a la camarera, parecía no ser la misma, sin su sonrisa  contagiosa y conversación amena.

Cuento de Manuel Pastrana Lozano: El pasajero

El pasajero
© Xavier Nájera / Fuente de la imagen

Apareció de repente sin que yo me diese cuenta, sin hacer ningún ruido, tal vez mientras yo acomodaba mi equipaje. Ahora estábamos solo él y yo en la cabina. Era una presencia asombrosa, que no tenía para mí explicación posible. Durante el trayecto estuvo casi todo el tiempo observándome, unos ojos sin brillo que sobresalían desde una cavidad profunda y oscura. Lucía un atuendo inverosímil, fantasmagórico, jamás visto en mi vida, y su edad parecía indefinible. Era un personaje inesperado, surgido desde las tinieblas. ¿Qué hacía en el compartimiento y de dónde había salido?

–¿Viaja usted en la misma dirección que yo, con destino a Obaba? –le pregunto temeroso–. La próxima estación es la última y ya estamos llegando.

–No, de ningún modo. Ni lo piense. Ninguna estación podría acogerme, no advertirían mi presencia. Solamente yo puedo conocer mi destino, que usted no podría ni siquiera imaginar –me dice con su voz sombría. Luego de unos instantes, prosigue–: Y por favor, no me hable de su vida.

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Historia corta de Manuel Pastrana Lozano: Breve encuentro

historia corta breve encuentro

–¿La molesto, si le pregunto… –lo miró sin sorpresa, quién sabe cuántas veces habían viajado juntos siguiendo siempre el mismo trayecto, frente a frente y en el mismo vagón. Era la primera vez que le hablaba. Ahora ella leía–. Tengo curiosidad por saber qué está usted leyendo, debe de ser un relato interesante.

En verdad, eso no era más que un simple pretexto, desde hacía ya un tiempo se había convertido para él en una obsesión porfiada poder acercarse y conocer a esa mujer joven, de una belleza perturbadora, y tal vez iniciar una aventura fascinante que pudiese cambiar su destino.

Le sonrió, estiró su mano fina y le acercó el libro. Era una edición bien cuidada, formato de bolsillo, de pocas páginas, parecía ser un relato corto. En su portada, un título insípido: “Breve encuentro”, que no le impresionó mayormente.

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Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Leyendo en el balcón

Leyendo en el balcón es un microrrelato que se nutre de otras lecturas: Marco Denevi y Julio Cortázar. Una tarde, al terminar su jornada, el joven decide ir hasta la casa, conocer a la mujer y también, curioso, preguntarle por el libro que lee con tanto interés. Toca el timbre varias veces, la casa permanece a esa hora en una mudez extraña. La puerta, mal cerrada, permite empujarla suavemente y entrar en ella sin hacer ruido.

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Las hojas perdidas

Se sentó en el banco más cercano y con mano temblorosa acomodó su bastón en el respaldo. Comenzó a hurgar en uno de los bolsillos interiores de su viejo impermeable y extrajo las hojas dispersas de un diario ajado por el tiempo. Hojeando, se detuvo unos instantes, y fijó su mirada débil en lo que parecía ser el rostro apenas visible de una mujer en una pequeña foto borrosa en la parte inferior de la página.

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: ¡Qué bueno era el difunto!

Siempre fue un cretino -había dicho mi primo Alberto. Y también tacaño y miserable -sentenciaba mi furibunda esposa Leonor. Un fracasado con manías de grandeza y pretencioso, ridículo, y además pésimo en la cama e impotente -añadía por lo bajo. Y tan alcohólico el pobre hombre, se emborrachaba antes de destapar la botella y caía por los suelos descompuesto -decía con sorna mi tía abuela Ester. ¡Qué desgracia de hombre, ni siquiera sabía ocultar nuestros encuentros clandestinos! –exclamaba con desprecio mi cuñada Iris.

Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: La catedral perdida en el desierto

Caminó por esa arena infinita, bajo un furioso temporal de viento extraño, sofocante, sin atisbos de sol y con resplandores enceguecedores. Perdió la sensación del tiempo y del espacio. Casi a ciegas, a lo lejos creyó divisar lo que parecía ser la cúpula de una catedral de estilo vago, hundida en la arena, tal vez una reliquia de quién sabe qué épocas pasadas.