De Dürrenmatt a la brisca de cinco

Parece como si las pequeñas poblaciones, en su rigidez y monotonía, no tuvieran más consuelo que esperar un acontecimiento al que aferrarse para despertar de su letargo. Un acontecimiento que actúe –al menos por un tiempo– como revulsivo contra la certeza inconsciente de que “mañana será otro día más”. Ocurría con el circo que asaltaba las calles empedradas del Macondo de García Márquez, con la llegada de la multimillonaria y vieja dama al pueblecito tragicómico dibujado por Dürrenmatt, con la recalada a su pesar de un prejuicioso jefe de oficina de correos a un pueblecito del sur de Italia en Bienvenidos al Sur…