Cuento de Emilio Gavilanes: Carta a los Reyes

Cuando ella murió, yo tenía quince años. Me llevaron a vivir con unos tíos míos que vivían en Madrid y a los que no había visto nunca. Tenían tres hijos. Dos hijos y una hija. Nunca me llevé bien con ellos. O más bien al revés: nunca se llevaron bien conmigo. Bueno, no se llevaban ni bien ni mal con nadie. Ni siquiera entre ellos. Apenas se hablaban. Y cuando lo hacían se mostraban muy educados. Como si fuesen extraños. La casa siempre estaba en silencio. No se oía música. Nadie cantaba. Nadie reía. Nadie lloraba. Nadie gritaba. Parecía que estaban en una casa extraña. Yo tenía la impresión de que había ocurrido algo terrible y nadie me lo decía.

Cuento de Emilio Gavilanes: Carta a los Reyes

Yo no conocí a mis padres. Murieron cuando tenía dos años, en un accidente. Me crio mi abuela, que vivía con ellos. Cuando digo “mi abuela” me refiero a mi abuela materna. A los otros abuelos tampoco los conocí.

No supe el tipo de educación que me estaba dando hasta que murió y salí de aquella casa y me relacioné con otra gente, pues hasta entonces yo casi únicamente hablaba con ella. Mientras vivió, nunca salí solo a la calle. No fui al colegio. Ella me enseñó a leer y a hacer cuentas. Yo no sentía necesidad de amigos. Cuando la acompañaba a la compra, o a un recado, a cualquier sitio de la calle, muchas personas me decían cosas y me saludaban, pero todo era tan breve que no tenía tiempo de darme cuenta de que no eran iguales que ella.

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Cuento de navidad, de Jorge Bucay

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos. Juan, el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.
Árbol de navidad. Fuente de la imagen

Cuento de navidad, de Jorge Bucay

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos.  Juan, el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.

Al acercarse la Navidad el padre había comprado un rollo de cinco metros de papel metalizado para poder envolver los regalos antes de ponerlos en el modesto arbolito, armado desde principios de Diciembre en la entrada de la casa.  El 23 en la noche, el hombre se decidió a empaquetar los regalos, más simbólicos que valiosos, para Nochebuena.  Qué desagradable sorpresa fue encontrar en el estante del ropero, el tubo de cartón donde venía enrollado el papel metalizado, desnudo de los cinco metros del costosísimo papel de envoltura.

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La relación entre literatura y navidad

La canción de Navidad, de Charles Dickens, ilustrada por Dino Battaglia 

La relación entre la Navidad y la literatura viene de muy lejos. Son muchos los autores que, antes o después, han dedicado alguna de sus obras al tema navideño. 

Este escrito, publicado el 21 de diciembre de 2008 en el blog Marita Ragozza de Mandrini, Espíritu en la Red, hace un repaso por alguna de las obras, por así decirlo, literario-navideñas más significativas.

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