Filias y fobias papales

No escondo que el elegido me ha caído en gracia. El papa Francisco se llama como yo (o viceversa), es futbolero (como yo), le gusta Dostoievski (como a mí) y se preocupa de los pobres (¡y yo soy pobre!). Confieso pues un afecto obligado hacia este hombre que amenaza con meter a la curia en un autobús urbano, un viaje humanista que serviría no tanto para que el mundo pusiera el foco en los ensimismados cardenales sino para que estos se fijaran en el castigado mundo. De un jesuita, que además es argentino, se puede esperar una jugada inesperada a lo Messi en cualquier trance del partido. ¡Habemus papam! ¡Pero también habemus antipapas!