Cuento de Francisco Rodríguez Criado: Buscando a Alma Rosenberg

Natural de Varsovia, Jacob Rosenberg era alto, corpulento, lucía una barba larga y espesa salpicada de canas precoces, tenía los ojos oscuros y tristes, el pelo moreno. Hacía cinco años que había entrado en el país por el centro de inmigración Ellis Island y desde entonces había trabajado muy duro para mantener a su familia desempeñando numerosos oficios: obrero de la construcción, mozo de almacén, electricista, friegaplatos… Pero, sin duda, el oficio más duro de todos era el de ser padre.

BUSCANDO A ALMA ROSENBERG, un cuento de Francisco Rodríguez Criado

Ubicado en un robusto edificio de la calle 175 del Este de Broadway, el periódico neoyorkino Jewish Daily Forward, popularmente conocido entre sus lectores con el escueto nombre de Forverts, publicó el 5 de septiembre de 1939 el siguiente anuncio:

“ME HE PERDIDO. ¿ALGUIEN PUEDE DECIRME QUIÉN SOY?”.

Aquella llamada de auxilio tuvo éxito: dos días después, un hombre de unos cuarenta años, vestido con un mono azul de trabajo, se presentaba en las bulliciosas oficinas del periódico.

Natural de Varsovia, Jacob Rosenberg era alto, corpulento, lucía una barba larga y espesa salpicada de canas precoces, tenía los ojos oscuros y tristes, el pelo moreno. Hacía cinco años que había entrado en el país por el centro de inmigración Ellis Island y desde entonces había trabajado muy duro para mantener a su familia desempeñando numerosos oficios: obrero de la construcción, mozo de almacén, electricista, friegaplatos… Pero, sin duda, el oficio más duro de todos era el de ser padre.

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Cuento de Manuel Pastrana Lozano: Cómics

Cómics. Clarck Kent tiene un mal día
Superman leyendo Daily Planet. Fuente de la imagen

Cómics

“Este va a ser un día difícil” –se dijo Clark Kent, mientras se levantaba con el pie izquierdo. Para colmo, había tenido una horrible pesadilla: Superman era un comunista cruel que exterminaba sin piedad a sus enemigos de clase, los explotadores que intentaban defender el paraíso americano a costa de la sangre y el sudor de los sufridos obreros. Lo consideró un presagio siniestro. A duras penas se apretó el cinturón de su slip rojo ajustado, que cubría por encima la malla de sus entrepiernas –al estilo del calzón de los clowns de circo–, antes de ponerse su traje habitual de civil. El súper héroe había descuidado mucho su figura en los últimos tiempos, viviendo momentos disipados en los que comía y bebía mucho. Comenzaba a ser obeso. Además, la letra S característica en su pecho se deformaba y descoloraba poco a poco.

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