Cuento breve recomendado (8): «Génesis, 2», de Marco Denevi

Imaginad que un día estalla una guerra atómica. Los hombres y las ciudades desaparecen. Toda la tierra es como un vasto desierto calcinado. Pero imaginad también que en cierta región sobreviva un niño, hijo de un jerarca de la civilización recién extinguida. El niño se alimenta de raíces y duerme en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror de la catástrofe, sólo sabe llorar y clamar por su padre.

Cuento breve recomendado: «El otro yo», de Mario Benedetti

el otro yo

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Cuento de Rodrigo Rey Rosa: La niña que no tuve

cuento Rodrigo Rey Rosa

Le pedí que describiera las etapas de la enfermedad, y él precisó punto por punto -«con un margen de dos o tres semanas»- la descomposición de mi niña. Como, terminada la descripción, él añadió: «Me temo que no hay nada más que nosotros podamos ha­cer», le dije que si lo que aseguraba no era cierto, yo lo maldecía.

Cuento breve recomendado: «La canción del Peronelle», de Juan José Arreola

juan-jose-arreola, cancion del peronelle
Juan José Arreola. Fuente de la imagen

La lengua de Arreola se caracteriza por la sobriedad, la falta de aparatosidad, la sutileza de la palabra y la expresión y por un ritmo que fluye por debajo, que nos atrapa mientras vamos leyendo, que es «música callada», usando el famoso oxímoron de San Juan de la Cruz. A Arreola hay que leerlo en voz alta: y, entonces, en esos breves cuentos suyos, en esas composiciones de pocas líneas que parecen ligeros y simples apuntes pero que están perfectamente cuajadas, se pone a vivir la lengua, a bailar ante nuestros ojos y a cantarles a nuestros asombrados oídos. Una lengua seleccionada con amor, con mimo, con paciencia («pasión artesanal por el lenguaje» —como él mismo reconocía—), para, trascendiendo lo individual, los nombres propios, lo anecdótico, lo concreto, hacer abstracción, construir un universo abstracto, en el que se establecen situaciones y relaciones de pura geometría entre los elementos o los personajes, que, más que hombres, definidos y distinguidos por rasgos físicos y de carácter, son síntesis esquemáticas de ideas. Los hombres, los animales, los escenarios, las situaciones de los cuentos de Arreola son símbolos. Y todos ellos están ahí para tratar, para hurgar, para descubrir el universo humano, todo lo que desde siempre ha acompañado al hombre y que le sigue doliendo y dando vida: el miedo, el amor, la soledad, el compromiso, la lealtad, la fe… Por eso en los cuentos de Arreola se encuentran pocas descripciones detallistas o naturalistas, pocos adjetivos del campo semántico de los sentidos, y sí muchos sustantivos abstractos y un gran uso de los tropos de dicción y de pensamiento, en especial la metáfora, la metonimia y la alegoría. Con un rápido trazo de líneas invisibles —le bastan unas pocas palabras clave— sitúa y nos sitúa. Y todo lo dice parca y lacónicamente, rápido y conciso, preciso, atinado.

Rosario González Galicia

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Cuento breve recomendado: Luvina, de Juan Rulfo

luvina, Juan Rulfo

Un amigo me preguntaba recientemente qué libro de cuentos, en español y de la última mitad del siglo XX, le recomendaría como imprescindible y qué título de ese libro. Mi respuesta, “a bote pronto”, fue: El llano en llamas de Juan Rulfo, y el cuento: “Luvina”. Aunque me salga un poco de los límites de extensión prefijados para esta sección, no me resisto a incluir esta pequeña obra maestra de la narrativa corta hispánica, acompañada también en este caso de un largo comentario. Invito a todos los lectores de buenos cuentos a que aprovechen la ocasión para leer o releer otros tres cuentos de Rulfo considerados, juntamente con “Luvina”, la cima suprema de su cuentística y publicados en este blog: “¡Diles que no me maten!”, “Macario”: y “No oyes ladrar los perros”.

M.D.R.

[Este cuento incluye un comentario, al final, de Miguel Díez R.]

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Cuento breve recomendado (273): «Del viejecito negro de los velorios», de Eliseo Diego

Es el viejecito negro de los velorios, el que se sien­ta a un rincón, el paraguas enorme entre las piernas, el sombrero hongo sobre el puño del paraguas, la cara tan compuesta y melancólica que es la imagen de la oficial tristeza; a quien nadie pregunta con quién ha venido, porque se supone siempre que es el amigo del otro, y porque armoniza tan bien con el dolor de la casa aquella su antigua y espléndida tristeza.

Cuento breve recomendado: «Visión de reojo», de Luisa Valenzuela

La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba ya a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó frente a una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignore lo que su izquierda hace. Traté de correrme al interior del coche -porque una cosa es justificar y otra muy distinta es dejarse manosear- pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa

Cuento breve recomendado: Muerte del cabo Cheo López, de Ciro Alegría

Ciro Alegría, cuento breve
Escritor Ciro Alegría. Fuente de la imagen

Ciro Alegría (Perú, 1909-1967) fue escritor, periodista y político. Es uno de los escritores más representativos de la narrativa indigenista, que se distinguía por su interés en reflejar la opresión sufrida por los indígenas. De Ciro Alegría son, entre otras, las novelas La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941).

El relato «Muerte del cabo Cheo López», prácticamente desconocido, fue publicado por primera vez en 1963, cuatro años antes de la muerte de su autor.

 

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: «La noche boca arriba», de Julio Cortázar

cuento de Julio Cortázar

Santiago Roncagliolo, autor de novelas como Tan cerca de la vida Jet lag o Abril rojo (todas ellas publicadas en Alfaguara),  ha elegido para esta sección «La noche boca arriba», porque –nos explica– «fue el primer cuento que me encantó». Y es además un cuento que muchos lectores consideran uno de sus preferidos.

«La noche boca arriba», de Julio Cortázar, fue publicado por primera vez en Final del juego  (1956).

LA NOCHE BOCA ARRIBA, un cuento de Julio Cortázar

A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él —porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre— montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

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