Historias de Señor Mario: ¡No se ha roto nadie!

historias de señor Mario, no se ha roto nadie

Quizá por deformación profesional, me fijo mucho en el lenguaje de mis hijos. De igual manera que ellos, como niños que son, aprenden nuestra lengua imitando a los adultos, nosotros, los adultos, podemos aprender bastantes cosas de ellos aprovechando que aún son ingenuos y sinceros y dicen lo que piensan, sin medir las consecuencias. De los niños en general, y de mis hijos en particular, me asombra la riqueza de matices en su, por así llamarlo, “discurso”. Unos matices que ellos, por su corta edad, ni siquiera distinguen conscientemente.

Señor Breve, el lugar para leer textos cortos de calidad

Señor Breve

Señor Breve no va a ser flor de un día; muy al contrario, pretendo que sea un megablog, como ya lo es NARRATIVA BREVE, con miles de textos. Y por ahora no va mal la cosa. Como suele decir: sin prisas, pero sin pausas. El objetivo es publicar unos 300 posts al año. Si te gusta leer, no te vayas muy lejos, porque SEÑOR BREVE te va a aportar, creo, muchos escritos de tu interés.

Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos (mi nuevo libro, en formato ebook)

Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos

Pensaba que iba a estar un tiempo sin publicar, pues tenía la percepción de que me había apartado, aunque fuera momentáneamente, de la creación literaria. Sin embargo, tal como explico en la Nota de Autor, sin prisas pero sin pausas me había embarcado ya en la redacción de historias cortas. Y con esa paz que le concede a uno no someterse a la urgencia del calendario, he recopilado un ramillete de cuentos, que ahora os ofrezco.

Dos historias cortas de Silvio Litvin

Va a discar, siente el apremio de golpe, que se hace encima y va al baño, sentada llama. Habla con Laura, se levanta y lleva la bombacha al canasto. Laura le pregunta por Camilo, ella le miente, que hoy no lo vio. Que cómo no fue a verlo. Y bueno, ya le dijo, no lo vio. Otra vez la misma historia, protesta Laura.

Dos historias cortas de Miguel Bravo Vadillo

dos historias cortas, Bravo Vadillo

Todos sabemos que el alfabeto castellano tiene veintisiete letras y que, marcando como límite un número determinado de palabras, esas veintisiete letras pueden formar una cantidad de combinaciones sintácticas inmensa pero no infinita. Toda mi genialidad ha consistido en crear un programa informático capaz de ejecutar esa cantidad descomunal de combinaciones ajustándose a un número de palabras previamente fijado.